Asombroso. Emocionante. Es de lo poco que podría decir de esta exposición sin tirarme cinco o seis paginas escribiendo sin parar.












La manera de planificar una serie a lo largo de toda su vida, la Esther de los ochenta y de 2012, las variaciones de Esther.
Las infinitas maneras de guiar unos hilos simplemente enganchándolos para dar lugar a estructuras tridimensionales que me han dejado con la boca abierta.
Las performance, como la de las sillas, la mesa y el ventilador (si es que era un ventilador) que iban variando su posición.
La performance que más le gustó a mi compañero, Pablo, fue en la que iban golpeando con una estaca de madera el suelo en un espacio cuadrado. De hecho, me comentó que es lo que más le gustó del día de hoy. Curioso...
El piano de libre uso.
El tabú de introducir el sexo y la autosatisfaccion sexual en un espacio gratuito y abierto recurriendo a algo tan naïve como juguetes...
Volveré a venir aquí- menos mal que la exposición no cambia hasta febrero. Creo que entonces seré capaz de resumir las cinco paginas de interpretaciones de manera que lo entienda en un futuro cuando recurra a este blog para enriquecerme recordando lo que ya he visto Y si no, pues nada.
Imágenes tomadas por mí, Ángela Durán. Excepto mi retrato, obviamente realizado por Pablo Andrés.





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